Es martes y sale Hidalgo a pedir el calor de la afición el sábado. Se teme lo peor, un partido áspero, sin ninguna concesión del Granada 74, una roca con el sello de Tapia. Está bien que el Málaga sepa con qué se va a encontrar. Y está bien que se lo haga saber a su gente pronto, que todo esté calculado desde primera hora. Este año todo suma.
Porque cada paso que da el Málaga esta temporada parece medido. Hasta para los fichajes. Bruno y Cabrera están pendientes en Murcia y Almería de una llamada para incorporarse, Cléber ya le ha dicho a su club que se quiere marchar y de Moreno y Fajardo, los dos nuevos nombres que hoy adelanta AS, más de lo mismo. Muñiz tiene muchas puertas abiertas. Da la impresión de que, lejos de mandar los impedimentos económicos (que los hay, porque el Murcia o el Nacional de Madeira piden 100.000 euros por cada cesión y es un problema), lo que ocurre es que Muñiz no quiere fallar y piensa demostrarle a la plantilla que el nuevo viene porque es, al menos, tan bueno como ellos y merece que lo acepten. También en el vestuario, cada paso que da el Málaga está medido.


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