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miércoles, 19 de diciembre de 2007

La necesidad de la III República

El nuevo embarazo de Letizia vuelve a poner en tela de juicio el papel de la monarquía española y el ansiado debate entre monarquía y república que nos fue negado tras el final de la dictadura franquista.
No se pudo elegir. Franco lo dejó todo ‘atado y bien atado’, dictando su sucesión, imponiendo, una vez, más, su voluntad. Por tanto, estamos arrastrando un sistema heredado de un dictador que tardó cuarenta años en traer la democracia de vaya usted a saber dónde, pero debía ser un lejano lugar.
Así, padecemos la monarquía. Una institución obsoleta y que atenta contra la Constitución española de 1978, en cuyo artículo número 14, perteneciente al Título primer, capítulo segundo, “Derechos y libertades” establece lo siguiente: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.
Atendiendo a este derecho fundamental expresado en la carta magna, podemos ver que no es así, que este derecho, de todos los españoles no se cumple. ¿Somos todos iguales ante la ley? No. No somos iguales, porque la familia Real accede a unos privilegios de los que no pueden disfrutar el resto de los españoles, además de ser inviolable e irresponsable por ley.
La obsolescencia de la monarquía es clara. Un país no tiene por qué seguir manteniendo a una familia que disfruta unos privilegios heredados de un régimen fascista, el cual no tuvo la dignidad de preguntar al pueblo si era lo que querían o si, por el contrario, querían vivir en una república, un sistema que en este país ha sido sinónimo de libertades, modernidad, progresismo y autogobierno.
¿Por qué una república y por qué ahora? En este año, 2006, se cumple el 75 aniversario de una república frustrada. Una república nacida de la voluntad popular que fue asesinada por un grupo de individuos que se saltaron la dignidad y que se creyeron en derecho de irrumpir en la vida política con sus armas, privando de libertades a toda una sociedad durante cuarenta años.
¿Qué queda de aquella república? Nos quedan los ideales que la fundaron, como el deseo de igualdad y el deseo de una soberanía que resida en el pueblo, de verdad y no con sucedáneos que sólo piden opinión cada cuatro años. Nos queda la memoria, la ampliación de los derechos democráticos, la herencia de un tiempo en el que se tuvo la posibilidad de cambiar el mundo. Y nos hace pensar que una república es el único sistema capaz de asegurar y velar por los derechos y las libertades democráticas.
Por eso, 75 años después, la causa republicana, sin entender de derechas o izquierdas, está más vigente que nunca. Por eso, queremos un sistema diferente basado en la igualdad, que sea laico y federal, que condene una dictadura, que restituya la memoria sepultada y destruya el silencio, que acabe con las oligarquías que se derivaron del régimen, que renuncie a la guerra como instrumento político, que sea solidario y no excluyente. En definitiva, que haga de ésta, una sociedad con las mismas oportunidades y los mismos derechos.
***Escrito por Lucía Guevara

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